El caso de Juan
Mi caso es el de ansiedad social. Todo mi problema se ha gestado durante mi niñez y adolescencia, pero realmente empezó a aparecer al segundo año de universidad.
En mi etapa de colegio tuve la desgracia de ser objeto de burlas de compañeros de clase, a quienes nunca podré perdonar lo que me han hecho, y por quienes todavía conservo más de 10 años después un sentimiento de profunda rabia. Al mismo tiempo, en mi casa siempre me han educado recalcando lo mucho que puede influír tus acciones ante la gente, vamos, el típico "qué dirán!" de sobra conocido.
En esta época no pasaba de ser un chico tímido y muy inocente. Cualquiera me podía tomar el pelo. Esa fue mi desgracia. Sin embargo por aquel entonces no tenía fobia social. Era perfectamente capaz de exponer trabajos en clase, y aunque no me gustaba, lo hacía sin tener más síntomas que los simples "nervios" de una persona tímida.
Sin embargo, de ser un estudiante ejemplar en EGB, empecé a hundirme poco a poco en el fracaso escolar a partir de 8º EGB y BUP, cuando empezaron las burlas. Perdí la motivación para estudiar y tuve que repetir COU. Durante los fines de semana tenía otros amigos, con los que empecé con las típicas borracheras de fin de semana.
COU lo repetí en otra parte. Y para mí supuso un año sabático en el aspecto del estrés. Mis nuevos compañeros eran buenos compañeros, yo incluso me hice algo rebelde (me dejé melena y llevaba chaqueta de cuero con chapas, y eso). Pero los estudios los pude retomar con más ganas. Recuerdo que en esa época fui bastante participativo en clase, y apenas me costaba, en un aula con unas 30 personas. Ese año (1992) fue cuando empecé a experimentar con las drogas los fines de semana.
Entonces empezó la universidad. El primer año no me lo tomé muy en serio y más bien fue un año de mucha tontería del cual hay poco que remarcar, salvo que de vez en cuando tomaba con mis amigos pastillas los fines de semana.
Fue a partir del segundo año de universidad cuando la cosa empezó a salirse de madre. Al principio no era más que sensación de incomodidad frente a ciertas situaciones, pero poco a poco me costaba cada vez más desenvolverme en ciertas situaciones. Empezaron los primeros síntomas: taquicardia, temblores, sudor frío, bloqueo de la mente, rigidez muscular o dificultad en el habla (yo lo llamaba "voz pastosa"). Cuando por ejemplo estaba en clase y sabía que me iba a llegar un turno de preguntas, el subidón de ansiedad era tan fuerte que me sentía en la imperiosa necesidad de abandonar el aula, y eso es lo que hacía.
Al cabo de cinco o seis años tuve que dejar la universidad (a un curso de acabar la carrera) porque ya no podía más. Esto al tiempo que los fines de semana hacía más habitual el consumo ya no de pastillas, sino de cocaína.
Al poco me puse por primera vez en tratamiento. Para lo único que me sirvió fue para rebajarme el estrés y la ansiedad generalizada que tenía. Al cabo de medio año entré (por enchufe) a trabajar ¡en una ventanilla!, menuda paradoja, con el miedo que yo les tenía. Durante el año que estuve trabajando mi autoestima subió paralelamente al saldo de mi cuenta, y tuve ataques de ansiedad ocasionales (por ejemplo lo peor era tener que hacer una llamada de teléfono delante de los clientes).
Cuando el trabajo acabó (era temporal) volví poco a poco a experimentar que mis síntomas de ansiedad aumentaban. Y aunque en general eran los mismos de antes pero más fuertes, habían ciertos cambios. Ya no tenía el "habla pastosa" que digo yo. Sin embargo me apareció otro, tal vez el más molesto y evidente frente a los demás: sensación de irritación o presión en los ojos. No podía fijar la mirada en alguien porque sentía que mis ojos se descontrolaban. Es difícil de describir.
Finalmente entré en una depresión. Volví a terapia psicológica en otro sitio. Me fue de más ayuda que la anterior vez, ya que en éste estaban más enfocados a mi mal, pero pecaron un poco de falta de experiencia. Aun así al menos tuve unos meses de relativa felicidad y normalidad. Además me ayudaba de tranquilizantes como el Trankimazín o Atarax y antidepresivos como el Seroxat o el Motiván. Aunque reconozco que tras la primera visita al psiquiatra que me las recetó, no volví, y seguí tomando la medicación por mi cuenta, pero yo mismo me la iba rebajando.
Sin embargo, tal vez debido a que ha pasado mucho tiempo desde que estoy sin trabajo, los síntomas me han vuelto con más fuerza que nunca. Ahora incluso está afectando a las relaciones con mis amigos. Tengo ataques incluso con ellos.
Ahora mi ansiedad aumenta cuando llega el fin de semana. Hace poco estuve tres días con amigos en Madrid conviviendo con ellos, y la verdad es que en mi interior lo he pasado muy mal, y he acabado mentalmente agotado. Ellos mismos me encuentran raro. Ya no puedo durante una comida o una cena con ellos expresar una opinión que sea más allá de unas pocas palabras, porque sé que en algún momento me sentiré tan observado que me dará un ataque. Y la verdad es que peor que eso es el sentimiento de humillación y frustración que tienes cuando te pasa delante de la gente, y más aún si son tus amigos.
Si esto sigue así me voy a quedar sólo. Así que me encuentro inmerso en el peor de los infiernos y sin tocar fondo. Sólo se lo deseo a quienes me han hecho esto.
En cuanto a la medicación, ahora sólo suelo tomar medio Atarax antes de quedar con amigos o de hacer algo que me causa ansiedad sólo de pensarlo. Y cuando me encuentro con la moral por los suelos tomo sólo medio Motiván. Le he cogido un poco de respeto a la medicación porque la he estado tomando sin seguimiento médico. Incluso ya me da la impresión de que a veces hace que mis ataques de ansiedad sean más fácil de que aparezcan por su culpa. También le he cogido miedo a las drogas. Porque ha llegado un punto que con la coca lo paso peor que sin ella cuando estoy con los amigos. Aun así aún
hay algún fin de semana esporádico que caigo en la tentación y después me arrepiento.
Voy a ponerme de nuevo en tratamiento porque no puedo dejar que esto vaya a más, y sé que si no hago algo me voy a volver loco de verdad. Espero que la próxima vez que escriba sea para decir que estoy bien de nuevo. Al menos siento quitarme un pequeño peso de encima escribiendo esto.
Un saludo. Juan